En ti Confío: estrategia pastoral ante el terremoto de 2017

Confío en Ti

Estrategia pastoral ante el terremoto de 2017

 

La opción de fe que llamamos pastoral urbana se pone en práctica mediante acciones que comuniquen la buena noticia del amor de Dios a las personas que habitan la ciudad.

En estos días hemos experimentado momentos de gran solidaridad, amor y de gracia donde escuchamos a Dios que le habla a su pueblo a pesar de la destrucción, muerte, desesperanza, incertidumbre e incluso – en contadas ocasiones – de mezquindad y cobardía.

Sí, Dios habla. Quizá con las palabras de Jeremías (19,1-15). Recordemos que  Elías fue probado para escuchar a Dios, y, aunque para él no lo hizo por medio del terremoto, para nosotros sí lo hace (1Re 19, 3-15). Elías llegó al desierto huyendo y tan deprimido que deseaba la muerte, pero cuando Dios se le manifestó, recibió la vocación de ir a la ciudad de Damasco para restaurar un reino querido por Dios. Del mismo modo, podemos encontrar un momento de encuentro y vocación para una Iglesia que trata de entender cómo primerear y salir a anunciar la Buena Nueva en este tiempo de tribulación.

Convencidos de la pérdida de valores entre nuestros conciudadanos e incluso hasta escépticos de la capacidad de los agentes de pastoral para tocar la realidad de la ciudad, amanecimos este 19 de septiembre en un clima de desconfianza y escepticismo social.

Sin embargo, en nuestra reflexión para construir la pastoral urbana, hemos defendido el hecho de que los urbanos experimentan y expresan sus valores y su necesidad de fe de una manera particular con la que hay que aprender a dialogar. Nos parece que tras el terremoto esta lectura se confirma. La solidaridad espontánea, encabezada por muchos jóvenes, la reivindicación de la fe en el ser humano y en Dios, nos hacen palpable que este es un momento de gracia. Muchos, no precisamente del selecto club de cristianos comprometidos, son de los primeros que han respondido conforme a los valores del evangelio y están entre los que son buenos samaritanos de sus vecinos.

Nos atrevemos a afirmar que Dios ama tanto a esta ciudad que le ha mandado este terremoto para que sus habitantes nos encontremos y renovemos nuestra fe, confianza y amor. Sí, el costo es alto y amargo, pero también fértil semilla en la tierra.

Les pedimos recordar el origen de la pastoral urbana: justo el movimiento social y eclesial que siguió al terremoto de 1985. Aquel momento lanzó a la Iglesia a la calle… muchos recordamos a un seminarista de aquel entonces dirigiendo el tráfico en el Zócalo.

Sí, es muy triste que muchos templos estén dañados y no estén en posibilidades de continuar atendiendo el culto; esta circunstancia nos obliga a salir a la calle para dar testimonio de fe y encontrarnos con el urbano de la banqueta; no sólo al que está en desgracia, sino también al que se compadece y al que está aturdido sin saber qué hacer o cómo situarse en estos tiempos.

Se trata, entonces, de situarnos juntos en este momento.

 

Solidaridad inmediata, acompañamiento permanente, dinamismo creciente

 

Cada cual en sus posibilidades ha sabido responder con prontitud a la urgencia. La solidaridad es el primer testimonio de esperanza. El desbordamiento de la ayuda es una expresión de un primer movimiento del corazón que se compadece y hace suyas las necesidades ajenas. Sin duda, el alivio necesario de las necesidades más básicas no excluye la atención de las necesidades y heridas que se marcan en el alma. Las dudas e inquietudes, la búsqueda del sentido a la tragedia y al dolor son siempre un problema profundo que sólo se puede atender con la cercanía y la presencia.

Así como al final del novenario de difuntos los deudos se quedan solos y, a partir de ese momento, encaran la difícil tarea de afrontar la ausencia del ser querido, de manera semejante enfrentaremos, en poco tiempo, tanto a las personas que han sufrido más directamente como, en general, a la sociedad en su conjunto. La presencia eclesial no puede perderse. Corremos el riesgo de refugiarnos en la idea de que al aportar una ayuda material “ya cumplimos”.

En la etapa de recuperación muchos, que no tuvieron posibilidad de movilizarse en la primera etapa de emergencia, tendrán oportunidad de apoyar acompañando a sus vecinos, familiares, amigos y en general a sus conciudadanos.

Aunque un impulso natural del ser humano en una situación de crisis es recuperar la normalidad, esto es, retomar la vida en el punto que se encontraba antes de la crisis, de hecho, no se vuelve atrás. No es posible negar la realidad de destrucción nacida del sismo; con todo, el olvido es una tentación a nuestra mano. Así que el reto de mantener el dinamismo debe ser un objetivo.

Sabemos que después de la emergencia inicial la solidaridad pasará a una nueva etapa más burocratizada y la reconstrucción se convertirá en un proceso administrativo, por eso es importante preservar y construir medios que nos permitan mantener un contacto directo y personal con toda la gente.

La reacción a la crisis ha sido generosa y ha mostrado la capacidad social de confiar y de organizarse. En la siguiente fase también toca encontrar formas para mantener el dinamismo y nuestro compromiso como Iglesia. Este tendría que ser un objetivo que equiparara lo mejor del movimiento que siguió a los sismos del 85.

 

PRIMEROS ACUERDOS DE ACCIÓN PARA PONER EN MOVIMIENTO UNA PASTORAL URBANA ANTE EL TERREMOTO

 

1) La Coordinación de Pastoral Urbana organizará un equipo que elaborará unos materiales para la evangelización y catequesis en esta crisis. El objetivo de estos materiales es que se pongan a disposición de todas aquellas instancias y personas que puedan aprovecharlos.

2) Invitamos a que cada comunidad eclesial (Vicarías, Decanatos, Parroquias, etcétera) identifiquen y vinculen a las personas que están en posibilidad y voluntad de integrarse en equipos de evangelización. Estos equipos tendrán la encomienda de identificar los lugares en necesidad que estén cercanos a sus domicilios o comunidades (hospitales, derrumbes, albergues) y los visiten para ofrecer atención y apoyo espiritual. Para eso estarán a su disposición los materiales.

3) Aprovechar las estructuras existentes; sectores, iglesias de casa o centros de reunión para aplicar este material y ofrecer este acompañamiento espiritual.

4) Invitar a las familias que no tienen tiempo para aprovechar estos insumos u otros a través de redes sociales u otros medios.

5) Trasmitir a familiares, amigos o vecinos estos materiales para que los puedan aprovechar.

6) Se invita a movilizar la religiosidad popular: usar las calles, sacar las imágenes, mostrar la cercanía de Dios, de Nuestra Madre María Santísima y de los Santos, con su pueblo. Actuar como Iglesia en salida. Usar signos:  como la cruz y el logotipo de la solidaridad en el terremoto (Anexo)

7) Hay que entender que la ciudad cambiará. Posiblemente se establezcan centros para damnificados y muchos otros se irán con familiares, por lo que no estarán concentrados en un lugar particular, sino dispersos por toda la ciudad. Algunos vecinos se irán, otros vendrán. Por eso es importante crear nuevas redes que se articulen para un trabajo personal en la reconstrucción y en la creación de nuevas comunidades.

Es fundamental reconocer quiénes son los damnificados que pertenecen a nuestras comunidades desde los primeros días para reconocerlos, acompañarlos y conocer sus necesidades para darles el apoyo espiritual y material pero también el especializado que pueden brindar muchos otros miembros de la misma comunidad eclesial.

8) Dejen abierta la invitación para que todas las personas que quieran sumarse a este movimiento de espiritualidad y solidaridad puedan hacerlo.

9) El dinamismo espiritual tiene que traducirse en solidaridad efectiva, por lo que hay que mantener vivas las redes y en la expectativa para hacer más, conforme las circunstancias lo vayan pidiendo.

10) Este modelo es propio de la pastoral urbana, en ese sentido, se ofrece , quienes estén interesados, capacitación en este enfoque pastoral, para lo cual deberán comunicarse a info@pastoralurbana.info

Ciudad de México a 19 de septiembre de 2017

Las y los integrantes de la Comunidad Académica de la Maestría en Pastoral Urbana de la Universidad Católica Lumen Gentium

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Bases para la Conversión Pastoral

Documento de Aparecida

El concepto de Conversión Pastoral se presenta como parte del capítulo 7 del Documento de Aparecida, es decir, el que trata sobre La Misión de los Discípulos al Servicio de la Vida Plena:

El capítulo se divide en tres grandes partes:

  • la que desarrolla la propuesta de valorizar y defender la vida 347- 364
  • la que expone la necesidad de una conversión pastoral para servir a la vida 365 -372
  • la que trata sobre la misión ad gentes 373- 379

Documento Orientaciones del CELAM

Trata sobre los temas expuestos en Aparecida, haciendo precisiones y, en algunos casos, ampliaciones.

Utiliza el método Ver-Juzgar-Actuar para proponer un itinerario de renovación sobre las bases de las estructuras pastorales prevalecientes, aunque proponiendo irse extendiendo hacia nueva formas.

Idea Central: Anunciar a Cristo

María: Símbolo de libertad para la mujer contemporánea

Lo femenino, que desde hace ya más de un siglo representa uno de los puntos cruciales e inquietantes del panorama socio-cultural de nuestra civilización, es también punto de referencia obligado en la consideración de la mujer en relación con María. Después de siglos enteros durante los cuales la Virgen ha representado el modelo femenino, desde que los movimientos feministas han adquirido tonos y medidas que han hecho inevitable su aparición histórica, esa identificación se ha resquebrajado y ha hecho crisis, hasta aparecer hoy del todo absurda. En la cuestión femenina podemos distinguir, una relación de causa y efecto. Por un lado, tenemos un discurso cultural, cuyas primeras expresiones pueden encontrarse ya en el medievo, que denuncia las injusticias de la condición femenina, reivindica el derecho de la mujer a la instrucción y pone de relieve las ventajas que la sociedad puede obtener de su participación en la vida social y en la producción haciendo fructificar sus dotes y sus capacidades específicas. Este discurso es solamente teórico hasta que los profundos cambios suscitados por la revolución industrial influyeron en la condición femenina; de ahí la entrada de las mujeres en el mundo del trabajo, la afluencia a las ciudades, las alteraciones en el planteamiento de la vida familiar, en las costumbres y en la moralidad corriente; además, como consecuencia del desarrollo de las ciencias aplicadas, la prolongación de la vida media, la desaparición de la mortalidad infantil y la posibilidad de un control cada vez más seguro de la facultad de procrear.

Los aspectos teóricos y prácticos de la cuestión poco a poco se han, enfrentado y sostenido mutuamente, llevando a cambios sustanciales en la condición femenina, que hoy no conoce ya diferencias respecto a la masculina en el plano de los derechos y de las oportunidades sociopolíticas, sin embargo, esos cambios no han resuelto el problema.  Sin pretender distinguir exactamente cuánto es atribuible en la actual situación del mundo femenino, podemos trazar a grandes rasgos el modelo que de hecho domina hoy en ese mundo, particularmente en el juvenil: una mujer con nivel de instrucción igual o parecido al del hombre con claras intenciones de trabajo, sobre todo en el periodo que precede al matrimonio, aunque con frecuencia también después; una mujer que considera la formación de la pareja fruto de una opción libre motivada por el amor y que a menudo no desemboca necesariamente en la institucionalización; una mujer que en las relaciones conyugales considera indispensable una igualdad absoluta de derechos, deberes y responsabilidades; que respecto a la maternidad establece una notable reestructuración ya sea cuantitativa (número muy limitado de hijos en programa), ya sea cualitativa (no es sólo ser madre lo que da significado a su vida).Obviamente, la realidad femenina no corresponde del todo a este cuadro; incluso, especialmente en determinadas zonas geográficas, niveles de edad y estratos sociales, sigue prevaleciendo netamente la figura tradicional de la mujer dependiente del hombre, cerrada material, afectiva y culturalmente en el ámbito de la familia, y que a lo sumo tiene presentimientos de las novedades descritas, que se traducen en una sensación de malestar difícil de precisar, el modelo de mujer que se propone en todos los niveles no es ya ciertamente el de la mujer ángel del hogar, esposa y madre, que se contenta únicamente con el servicio del marido y de los hijos; así lo confirman las experiencias entre las mujeres más jóvenes y más instruidas.

Para establecer ahora una relación entre estos hechos y la figura de María, hay que referirse ante todo al modo en el que de manera particular las mujeres en el pueblo de Iztapalapa, se han apropiado de una  devoción a la  Virgen de  la  Bala,  de la que  se  señala que a inicios del siglo XVII, había una pareja de españoles radicados  en el pueblo, este matrimonio se distinguía por vivir en armonía y por ser un gran ejemplo de amor sincero, hasta que el demonio consiguió sembrar en ellos la discordia, logrando poner celoso al marido. Enloquecido el esposo por el odio, un día decidió matar a su inocente esposa, tomó una pistola y le disparó. Lo único que pudo hacer la desvalida mujer para salvaguardarse, fue tomar como defensa y escudo una pequeña imagen de la Virgen bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, que poseía desde tiempo inmemorial, y a la cual ella le profesaba gran devoción. En el momento del disparo la munición fue detenida milagrosamente por la imagen y, según los jesuitas fray Francisco de Florencia y Antonio de Oviedo, la bala quedó incrustada en la peana “tan bien encajada que aunque se mueve nunca se ha podido sacar“. Este suceso fue asumido como prueba irrefutable de la fidelidad de la mujer, y el marido así quedó desengañado. De tal manera fue como se le nombró Nuestra Señora de la Bala a dicha escultura. De igual manera es patrona de las mujeres embarazadas y parturientas, por lo mismo se le pide traer con bien a los hijos, o concebirlos si existe algún problema de infertilidad. También los devotos creen que protege a quienes tienen profesiones peligrosas (por ejemplo los policías y soldados) que corren riesgo de ser alcanzados por balas asesinas se cree que las desvía.

En las diversas  expresiones  de cultos  a la Virgen,  resulta un complejo caleidoscopio encuadrar a la imagen de la Virgen y al  mismo tiempo  son una amalgama de significados, pues en la sociedad contemporánea, y en particular en las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente doméstico, donde las leyes y las costumbres tienden justamente a reconocerle la igualdad y la corresponsabilidad con la vida familiar; bien sea en el campo político, donde ella ha conquistado en muchos países un poder de intervención en la sociedad igual al del hombre, bien sea en el campo social, donde desarrolla su actividad en los más distintos sectores operativos, dejando cada día más el estrecho ambiente del hogar; lo mismo que en el campo cultural, donde se le ofrecen nuevas posibilidades de investigación científica y de éxito intelectual, sin embargo, sería arriesgado y simplista extraer conclusiones negativas sobre la relación entre María y la mujer contemporánea. Precisamente porque el mundo femenino se encuentra en  evolución  y dispuesto a captar cualquier elemento de novedad, la confrontación con la figura de María mediante una consideración crítica encaminada a destacar sus aspectos verdaderamente esenciales puede ofrece resultados inesperados.

Las relaciones entre la consideración de María y el modelo femenino predominante en cada época han sido inevitables. María, representa para la Iglesia mucho más que una mujer, Honrar a la madre de Dios, rezarla con gran confianza e imitar sus virtudes se convierten en los ejes del culto mariano.

María se coloca ante todos los fieles como modelo de virtud. Y se trata de “virtudes sólidas y evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la palabra de Dios, la obediencia generosa la humildad sencilla, la caridad solícita, la sabiduría reflexiva; la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos, agradeciendo los bienes recibidos, ofreciendo en el templo, orando en la comunidad apostólica; la fortaleza en el destierro, en el dolor; la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor; el vigilante cuidado del hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza previsora; la pureza virginal; el fuerte y casto amor esposal… La iglesia católica basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la mujer nueva, está junto a Cristo, el hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, como prenda y garantía de que en una simple criatura, es decir, en ella, se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todo hombre” (MC 57).

Por lo demás, no hay necesidad de proclamarse feminista para ver que todo el discurso eclesial sobre la mujer lo han desarrollado siempre voces masculinas. Es importante profundizar  y vincular a  las mujeres  con la  imagen de  María, como signo de libertad en la obediencia al amor de Dios.

Miriam Cruz

Dejar que la ciudad nos evangelice

Cuando se propuso, a principios de 2012, la premisa “dejar que la ciudad nos evangelice” se adoptó un enfoque positivo sobre la ciudad.

Con base en una visión teológica afirmativa de la ciudad se asume que ésta es el lugar que Dios ha escogido para realizar una epifanía ante el hombre y la mujer contemporáneos. Esta interpretación teológica de base, permite discernir lo que las personas en su vida cotidiana realizan encontrándose con Dios de formas diversas y en contextos inesperados, a modo de zarzas ardientes, esquinas, banquetas, restaurantes, centros comerciales o cines, pueden ser espacios sagrados en los que Dios decida manifestarse a determinada persona.

En tal sentido, el cristiano y, particularmente, el evangelizador, no pueden descalificar la posibilidad de que Dios escoja el sitio, al contrario, deben sentirse convocados a ser testigos de la presencia de Dios en tales espacios. Este es un cambio en la concepción que hace el cristiano respecto del espacio secular, para quien, en cierto sentido, se fusionan en una misma dimensión lo sagrado y lo secular.

La secularización es una vocación para el cristiano en tanto que su punto de partida se desprende de un hecho fundacional, señalado por el Evangelio de San Juan 1, 14: el Verbo de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Secularizar es integrarse en el siglo, pasar a ocupar una posición en la historia, que es vista siempre como historia de salvación. La elección libre de Dios de encarnarse en la realidad de los hombres y habitar con ellos, representa básicamente el punto de partida del proceso secularizador cristiano.

Si con frecuencia se habla de la secularización como una amenaza, desde esta óptica, más bien es oportunidad, aquella que hace de este espacio epifanía y de este tiempo kairós. Esta visión va a contrapelo de aquella que estableció Jacques Ellul para quien la ciudad era sinónimo del proyecto de los hombres contrapuesto al de Dios, es decir, el paraíso perdido.

Sin embargo, como revelan diferentes estudios realizados en la Maestría en Pastoral Urbana, la dialéctica que se forma entre el paraíso perdido como condición de vida del habitante de la ciudad que “sufre” los rigores de la misma, se contrapone permanentemente a la aspiración de la recuperación del paraíso, mediante el progreso, la vivienda suburbana, el automóvil, etc. Elementos materiales que se asocian con hacer de la ciudad un lugar más acogedor.

Dejar que la ciudad nos evangelice significa, por una parte dejar que sea el espacio sagrado de la urbe el que sea vivido en esa tensión propia del kairós. Es decir, un momento en el que se ofrece a la persona una oportunidad que puede tomar o no; un riesgo y una promesa.

Por otro lado, como señala el P. Federico Altbach, dejar que la ciudad nos evangelice es saber, previa valoración de la misma, descubrir en ella la presencia actual de muchos de los valores evangélicos impregnados en la cultura y la socialidad. Es decir, asumir que el evangelio no se encuentra de manera meramente teórica en el libro o en el templo, sino que se puede encontrar en la vitalidad de la ciudad, en cada espacio, en cada ambiente creado por sus habitantes, en los diferentes colectivos sociales que movidos por intereses –no explícitamente conectados o incluso aparentemente antagónicos al evangelio- donde es posible encontrar la vivencia de valores evangélicos.

Todavía es posible encontrar una tercera variante, la que es propia de salir al encuentro de Cristo en los hermanos, especialmente los que sufren más. En el Evangelio de San Mateo 25, 31-46, se señala la necesidad de encontrar en la persona que sufre la presencia del Señor. En este sentido, la ciudad está pletórica de Dios, ya que está llena de hombres y mujeres que en diferentes circunstancias están esperando de la solidaridad y de la presencia humana de los hermanos.

La espiritualidad católica en una Nueva Iglesia Urbana

Capítulo del libro Religión Pública y transformación urbana: La fe en la ciudad, editado por Lowell Livezey. New York University Press.

Elfriede Wedam

La espiritualidad católica en una Nueva Iglesia Urbana

Reseña:

Se toma como estudio de caso la parroquia del Viejo San Patricio en una zona que fue fundada en 1846 por trabajadores ferroviarios. En su momento fue el edificio más grande de la ciudad y con el tiempo, en los años 1960s fue quedando en un anillo alrededor del centro, pero relegado, donde casi nadie vivía, pues la ciudad fue creciendo hacia los suburbios.


La historia de la Parroquia puede contarse a partir de los años 80s cuando lla vieja Parroquia de San Patricio (Old Saint Pat) se redefinió ya que desde 1964 fue quedando relegada (luchó por mantenerse abierta ya que la zona se convirtió en un distrito industrial) y sirvió sólo como un espacio de reunión ya que sólo había un edificio habitacional en el territorio parroquial. Como un lugar de paso fue un punto de referencia geográfico en la ciudad.


Dado que pocos vivían en el territorio, se redefinió la pertenencia de manera artificial.

Las nuevas realidades obligaron a una evolución eclesiológica. El Código de Derecho Canónico reconoce que además de la parroquia territorial, puede existir la parroquia personal.

La Dra. Wedam se pregunta si el hecho de que los bautizados escojan a qué parroquia pertenecer significa escogen un catolicismo y un cierto tipo de identidad católica, más que aceptar sus circunstancias (de pertenecer a una deteminada parroquia) como algo dado.  El concepto católico es de una adscripción o algo heredado, está ligado a pertenecer a una parroquia territorial.

La Parroquia de San Patricio (por brevedad PSP) incorpora el significado de las fronteras culturales y sociales con la identidad personal católica [nota: en ese aspecto podríamos decir que se trata de una pastoral de ambientes].


En la obra “Religión y autonomía personal” Phillip Hammond sostiene que cuando existe la elección de parroquia entonces los católicos pierden sus lazos principales y pierden sus obligaciones como parroquianos unos con otros.


Los estilos de vida parroquial son determinados en parte por la misión teológica de una diócesis en particular, la calidad del laicado y del liderazgo del clero [Nota: esto corresponde a la definición de una misión o idea directriz para la planeación pastoral].

En consecuencia muchos tipos de parroquias no territoriales han sido desarrollados en torno a grupos étnicos, lingüísticos o de edades.


Hammond piensa que la caída en la participación en la vida parroquial viene acompañado con un cambio de significado de lo que es el compromiso, ya que se convierte sólo en un vehículo de expresión propia.


Una mayor y más extendida educación aumenta la capacidad para que los católicos decidan si su parroquia fomenta su vida espiritual.

Algunas investigaciones han mostrado que una mayor participación motivada por razones teológicas ha tenido efectos negativos en los barrios en los asuntos interraciales, pero ha sido positiva en temas como seguridad y construcción de estructura civil.


La teología del Vaticano II ha redefinido la percepción de la iglesia como un centro de fronteras porosas. Hace la parroquia abierta al mundo, por ello, menos parroquial.

La Iglesia está organizada alrededor de la movilidad de los adultos jóvenes para quienes el mundo entero es su patio.


Los miembros de PSP están impregnados de una teología de encarnación, que valora más la espiritualidad al dogma.

Su liturgia es más informal y con participación. El sacerdote socializa abiertamente con las personas incluso las más aisladas.

Hay un sentido de estar centrados en las experiencias más que en las reglas y en buscar hacer presencia en este mundo en vez de en el siguiente. La teología es inclusiva y pluralista.

Por ejemplo, hay un grupo de diálogo judío-católico que incluso ha servido para acercar a personas anteriormente alejadas de ambas religiones. Hay un programa de educación dual en la religión que fue creado por los mismos laicos, ya que hay muchos matrimonios mixtos. Este programa fue premiado por la Arquidiócesis de Chicago.

Al preguntarle al clero cómo respondían estas actividades la prueba de la evangelización, respondieron que preferían atraer a las personas a un despertar espiritual que una adhesión doctrinal o conversión.

Otros grupos y actividades son: ciclo de conferencias que se realizan para una asistencia libre, no se supone que la gente deba quedarse y cumplir un ciclo, Progreso (que es un grupo de jóvenes profesionistas), “Cenadores del Domingo” (que discuten asuntos de adultos), “Espiritualidad de los Hombres” y “Oración siempre” que son para la oración. Los organizadores proveen experiencias y no se basan en lo que las personas “deberían hacer”.

Otros grupos son para obreros y para la discusión de problemas económicos. Aunque en esta dimensión, según dicen criticamente los mismos asistentes, la Iglesia no aporta al cambio de estructuras.

La parroquia pasó de un padrón o catastro de 1500 integrantes a 2800, pero sus listas de correo electrónico llega a 20000.

Alguno de los asistentes dice que en su antigua parroquia había tal sectarismo que todo se hacía en términos de “nosotros y ellos”.

Esta teología “no ideológica” tiene la característica de que se evitan puntos polémicos sobre asuntos de dogma como los sacerdotes casados, la ordenación de las mujeres o el aborto, que casi no se discuten.

Existen también obras de voluntariado asistencial y de pastoral penitenciaria.


En conclusión:

La PSP cambió su nombre de parroquia a “iglesia” para reflejar su misión de servir a todos los católicos que escogieran llegar allí. La elección no se traduce automáticamente en un compromiso, lo último se puede observar en algunas parroquias como PSP por una consonancia entre la elección individual con la identidad personal y sus propósitos. [Nota: relacionar eso con el paradigma centrado en las personas].

La evidencia de esta parroquia va en contra de lo que Hammond investigó, según lo cual venían juntos el compromiso parroquial con los lazos locales y la aceptación implícita de la autoridad colectiva en asuntos morales.

Información complementaria

Website de la Parroquia: http://oldstpats.org/

De la Dignidad de la Mujer a su protagonismo eclesial

La participación de las mujeres en la vida de la Iglesia representa la proporción mayoritaria, tanto en la audiencia de la misa, como la recepción de los sacramentos y, especialmente, dada su vinculación a todos los movimientos, servicios y grupos eclesiales.

Este hecho ha merecido -desafortunadamente- que se considere que la religión “es cosa de mujeres” y que, dada la desbandada de los jóvenes, los templos se queden apenas “con las viejitas”.

Reflexionando sobre ello, podemos decir que este efecto era una consecuencia lógica del lugar que se asignaba tradicionalmente a la mujer en la esfera doméstica. Entonces, lo religiosos quedaba vinculado con la esfera doméstica y por lo tanto le era natural a la mujer.

Dado que se ha mostrado que la mujer ocupa y merece ocupar posiciones en la vida pública también y que la división tradicional entre lo público y lo privado no debe ser vista como un territorio genericamente confinado, por lo cual, por ejemplo, los varones queden excluidos de sus responsabilidades domésticas, en consecuencia esto repercute en el tipo de participación que se espera que tengan las mujeres también en la vida de la Iglesia.

Vale la pena decir (me parece) que -como consecuencia de la libertad de religión como derecho humano- se tiene que reconocer plenamente que la vida de fe y la vida religiosa son parte tanto de la vida pública como de la vida privada y que por lo tanto, la participación en la Iglesia tiene que ser vista y tratada como una dimensión de protagonismo para la mujer.

En consecuencia, más allá de las actuales funciones que por buena voluntad ocupan las mujeres, ya sea por propia elección o concesión de otros, el hecho es que se tiene que adoptar una forma de incorporar la participación de las mujeres como un asunto de “empoderamiento” también y de vivencia efectiva del concepto de Dignidad de la Mujer.  Las mujeres del siglo XXI tienen expectativas y experiencias mucho más complejas y ambiciosas que sus madres y abuelas, en consecuencia, la Iglesia tiene que ofrecer de manera creíble y efectiva espacios de protagonismo y desarrollo personal. Todo esto ocurre ya, cotidianamente, en todo tipo de parroquias y diócesis, pero al mismo tiempo es una meta lejana en otros sectores y lugares.

Pocas, si no es que ninguna institución como la Iglesia Católica, tiene tanta responsabilidad y posibilidad efectiva de ayudar a las mujeres, especialmente a las más pobres y sencillas, a descubrir la importancia de su dignidad, de generar autorespeto y promover el respeto hacia ellas y, por fin, ofrecer espacios de crecimiento y desarrollo personal en todas sus dimensiones: intelectuales, materiales, sociales, culturales y espirituales.

Un puñado de ideas para reflexionar y comentar y articular nuevas ofertas pastorales para la mujer.

J esús S errano

8 marzo 2012